miércoles, 1 de julio de 2009

Regreso


Después de la reciente muerte de su madre, Kuki, mi amiga del alma se enfrentó con la dura tarea de vaciar la ya deshabitada casa de sus padres para ponerla a la venta. Tuvo que desocuparla de muebles, vitrinas, mesas y sillones. Los mismos que la acompañaron durante toda su infancia y parte de su juventud. 
Somos hijos también de la casa que nos vio crecer, y poner un cartel de venta a nuestra casa-madre es algo que no puede hacerse sin una despedida, sin una ceremonia íntima que cada uno deberá dimensionar.

Eso fue lo que hizo Kuki con sus 2 hijos cuando terminaron de desocuparla. La recorrieron juntos por última vez, brindaron, bailaron, recordaron, rieron y jugaron en la vieja casa, como subrayando y recreando los momentos felices que en ella transcurrieron.

Luego de eso, cuando llega el momento de revolver en nuestra intimidad el contenido de antiguos cajones, cofres con recuerdos y baúles con muchos años de candados cerrados, nos enfrentamos nuevamente con fotos, papeles manchados y escritos amarillentos. Esto nos provoca sonrisas y algunas lágrimas también. Forma parte de la despedida de la vieja casa y del amigarnos con nuestro nuevo status. Vienen entonces a nuestra memoria imágenes que creíamos olvidadas, perfumes y sonidos lejanos, gestos y emociones de nuestros seres queridos. Volvemos a incorporar sensaciones, miedos, alegrías; nos replanteamos cosas, nos cuestionamos o justificamos otras.
Entre esos papeles Kuki encontró un texto que voy a transcribir a continuación:

REGRESO

He regresado a ella siguiendo el vacilante ejército de hormigas. He cruzado sin prisa sus baldosas oyendo el renovado sonido de mis pasos en su vientre vacío, tan vacío como un guante en busca de su mano.
Salieron a mi encuentro furtivos los recuerdos. Detrás de cada puerta que ocultaron inviernos. De cada huella clara de cuadros que existieron. De las vagas figuras de lápiz que adornaron paredes en mi infancia.
Volvieron del pasado fantasmas desvaídos, el eco de palabras olvidadas, temores y ternuras que escondiera en cada herida abierta de su cuerpo.
Podría enumerar en el espacio exacto los afanes de que se fue nutriendo. Goteras aburridas entreteniendo lluvias. Tatuajes de sol entre glicinas en el pecho del patio, abatido de macetas y sangrantes achiras. Abrazos voluptuosos de la hiedra con sus cabellos verdes que juegan a no serlo con los días.
Digo casa, y es como si yo creara la palabra y la boca me rebasa dulzura como diciendo madre. Tiene el mismo cálido regazo e idéntica velada plenitud al darse inagotable.
Quien puede quitarme el latido de todos los relojes, el cielo visto a través de sus ojos enmarcados de sueños, las perchas, las bocinas o la verja.
Mi presente ha reunido los vínculos dispersos y el súbito estallido que ha venido a buscarme me rebela. Debo gritar, que aunque en su frente cuelgue un grotesco cartel en que la ofrecen, seguirá siendo mía. Nadie puede robarme los recuerdos, ni arrojar de sus ladrillos mi presencia, porque es como afirmar que no he vivido.



Anoche Kuki vino a visitarme y me regaló una fotocopia de esta poesía escrita a máquina en el original. Hay una dedicatoria que valoro mucho, y al pie, de su puño y letra dice “Kuki, 27/8/1959”

En esa fecha Kuki, en plena adolescencia remontó vuelo y adelantándose 50 años en el tiempo, con solo una vieja Remington como vehículo, declaró su convicción que no ha cambiado todavía, gritó a los cuatro vientos que pertenece indisolublemente a esas paredes, y con este escrito que es toda una declaración de principios, dio una muestra de porqué hoy, medio siglo después yo la quiero tanto.

Fotografía: Ingrid Höhn

4 comentarios:

laurita dijo...

La vida de Kuki es como una película y debería ser filmada cuanto antes. La verdad sea dicha.

Nahualito dijo...

Laurita: Es totalmente cierto. La vida de Kuki es una sucesión de capítulos que bien podrían ser un libro o una película.

Néstor Luis dijo...

Abrí este blog y me encuentro con algo que me hace redimensionar a mis mejores amigos. Que diablos!! Me emocionaron, y yo que me creía tan macho!
Pani

Liduvina dijo...

Un relato que conmueve y es fácil de imaginar. Un texto con mucha imagen y mucha emocion.

Un abrazo

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